@elhigadodmarita - Mαr Mounier 🌐
Para los de corazón noble que aún creen en "la democracia como virtud", es hora de madurar y enfrentar la realidad como el mundo infernal en el que nos hemos convertido, construido por la masonería, hija bastarda y primogénita del talmudismo anticristiano: La democracia es el sistema de gobierno podrido por excelencia: concede la ilusión de una decisión soberana periódica a una masa catatónica, corrompe a los que ascienden al poder con las prácticas más aberrantes para extorsionarlos a ejecutar una agenda anti humanidad, e invierte con maestría los roles -"la masa es la irracional y salvaje que requiere tutela moral; ellos, los virtuosos gobernantes son dechados de virtudes que existen para cuidar de esa masa"-. Es la estafa más refinada: hacer amar al esclavo sus cadenas y tildar de bárbaro a quien las cuestiona: "Nuestras embajadas y bases militares son utilizadas para el tráfico de niños. Criamos niños para la pedofilia y el sacrificio infantil. El rito de pasaje para nuestros líderes políticos es abusar de niños, participar en la pedofilia y matarlos. La pedofilia es el pegamento de inducción. Es cómo el estado profundo recluta y controla a las personas... es también el talón de Aquiles. Creo que una vez que el público sea plenamente consciente de que el gobierno no está interesado en proteger a sus hijos, todo sobre el gobierno sería cuestionado. Estoy registrado como un antiguo oficial de operaciones de la CIA diciendo que nuestras bases en el extranjero no están allí para la defensa nacional, están allí para servir como plataformas de salto para el contrabando de armas, oro, efectivo, drogas y niños pequeños." Robert David Steele. (1952-2021) Antiguo oficial de caso de la CIA Cofundador: Actividad de Inteligencia del Cuerpo de Marines de EE. UU. Pionero: Inteligencia de Fuentes Abiertas. Miembro de la Junta: Tribunal Internacional para la Justicia Natural (ITNJ).
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Ante la confusión sobre el simbolismo utilizado por quienes intentan engañar al mundo, les presento este mosaico de la Capilla Arzobispal de Rávena, datado hacia los años 500-519 d.C., que se alza como una de las proclamaciones visuales más contundentes, rotundas, concluyentes y primitivas de la victoria de Cristo sobre el mal. En ésta aparece Nuestro Señor Jesucristo como IMPERATOR, vestido con la coraza y el paludamento purpúreo del general romano, que era emblema del poder legítimo y ordenador de su Divina Autoritas. No es el Cristo sufriente, sino el Christus Victor que la tradición patrística proclama como vencedor definitivo sobre la muerte y del pecado. Sostiene sobre el hombro la cruz, no como instrumento de tormento, sino como trofeo y estandarte de victoria, es el vexillum que anuncia la derrota del enemigo infernal. En su mano izquierda porta el libro abierto con la inscripción lapidaria tomada del Evangelio de Juan: «EGO SVM VIA VERITAS ET VITA» (Jn 14,6). Esta declaración no es un adorno retórico; constituye el núcleo metafísico de la escena. Nos anuncia que la victoria de Cristo no se logra por mera fuerza física, sino por la imposición del Logos divino, la Verdad eterna que disuelve toda mentira, todo intento de subversión ontológica, toda entropía espiritual. ¿Lo más interesante y revelador de la escena? Bajo sus pies yacen aplastadas dos bestias que la Sagrada Escritura asocia al poder del maligno: el león, emblema de la soberbia brutal y devoradora, representa el terror del poder mundano que pretende doblegar al alma por el miedo. La serpiente -o áspid- encarna la astucia venenosa, la mentira que sedujo en el Edén y que fue vencida en el desierto de la tentación y en el madero de la Redención. El mosaico actualiza así literalmente la promesa del Salmo 90 (91),13 según la Vulgata: "Super aspidem et basiliscum ambulabis, et conculcabis leonem et draconem". Esta sentencia, explicada por los exegetas católicos antiguos como profecía mesiánica aplicada a Cristo, manifiesta la anakephalaiosis (recapitulación) paulina: el Hijo de Dios, hecho hombre, somete bajo sus pies a los mismos enemigos que han intentado esclavizar por siglos de siglos a la humanidad (cf. San Ireneo de Lyon, Adversus haereses, V, 21). Él es pues, el Rey verdadero, el Guerrero divino que no solo vence, sino que lo hace por la Verdad misma. En definitiva, el mosaico de la Capilla Arzobispal no invita a contemplar un recuerdo histórico; exige adoración ante el Christus Imperans que, habiendo triunfado sobre el león y la serpiente, sigue aplastando bajo sus pies toda forma de mal que ose alzarse contra la Verdad encarnada. Es una llamada a la militancia católica: reconocer que la victoria ya ha sido lograda y que en la Cruz -trofeo eterno-, reside el único cetro capaz de ordenar el caos del mundo. Autor: Mar Mounier. ----------- Imagen ilustrativa: Icono de Nuestro Señor Jesucristo aplastando bajo sus pies al león y a la serpiente, Cappella Arcivescovile (Capilla Arzobispal), Ravenna, Italy, c. 600 A.D.